La historia de Tita, Pedro y los sabores que marcaron sus vidas llega a la mesa de Angelopolitano con un menú inspirado en Como agua para chocolate, la novela de Laura Esquivel que convirtió la cocina mexicana en un lenguaje para hablar del amor, el deseo, la memoria y las tradiciones familiares.

El proyecto, presentado en octubre con la participación de la propia escritora, reúne la literatura con el trabajo del chef Gerardo Quezadas, quien recupera algunas de las recetas más reconocibles de la obra y las lleva a su cocina, con especial atención a la herencia gastronómica poblana.
Publicada en 1989, la novela sigue la vida de Tita, una mujer que encuentra en la cocina una manera de expresar sentimientos que las convenciones familiares de su época le impiden manifestar abiertamente. En sus páginas, los ingredientes y las preparaciones forman parte de la narración: cada receta acompaña un acontecimiento y, en ocasiones, transforma las emociones de quienes prueban sus platillos.


Tres menús para recorrer la historia
La propuesta de Angelopolitano se organiza en tres menús temáticos, además de una selección de platillos que pueden pedirse por separado. Cada uno recupera momentos y preparaciones vinculados con los personajes de la novela.
El Menú de las Rosas de Pedro reúne tres recetas que evocan algunos de los pasajes más recordados de la historia: caldo de colita de res, codornices en pétalos de rosas y torrejas de nata. Las codornices ocupan un lugar especial en el relato por su asociación con el amor de Tita hacia Pedro y por la manera en que la cocina se convierte en vehículo de sus emociones.
El Menú de la Boda de Esperanza incluye tres chalupitas norteñas, chile en nogada y pastel Chabela, una selección que combina referencias literarias con preparaciones representativas de la tradición mexicana.
Por su parte, el Menú para la Pedida de Mano de Tita comienza con caldo de colita de res, continúa con champandongo y termina con torrejas de nata. Este recorrido incorpora una de las preparaciones que distinguen el trabajo de Quezadas: el champandongo, un platillo elaborado con capas de tortilla, carne, mole, queso y nata, que se hornean para integrar sus sabores.
La presencia del chile en nogada también resulta significativa. Además de su asociación con la cocina poblana, el platillo forma parte de una tradición culinaria que conecta ingredientes, temporalidad e identidad regional.
Cuando cocinar también significa contar


La relación entre Angelopolitano y Como agua para chocolate no es nueva. El champandongo, por ejemplo, figura entre las preparaciones que han acompañado el trabajo del restaurante y que el chef ha relacionado con la novela de Esquivel. Su inclusión en esta propuesta permite reconocer la continuidad entre una cocina que recupera recetas tradicionales y una historia literaria en la que la comida tiene un papel central.
Al frente de Angelopolitano desde 2013, Quezadas ha desarrollado una propuesta centrada en la gastronomía mexicana, particularmente en los moles y las especialidades poblanas. En este menú, ese repertorio se encuentra con la ficción para recuperar sabores que los lectores pueden reconocer y que otros comensales descubrirán a través de sus ingredientes y preparaciones.
La presencia de Laura Esquivel durante la presentación añadió otra dimensión al proyecto: la oportunidad de reunir a la autora con las recetas que forman parte de su universo narrativo y que, durante décadas, han despertado la curiosidad de sus lectores.
Más que reproducir literalmente una historia, la propuesta plantea un recorrido gastronómico por algunos de sus momentos más emblemáticos. El resultado es una invitación a acercarse a la novela desde otra perspectiva, en la que el caldo, el mole, las rosas y las torrejas funcionan como referencias a una obra que convirtió la cocina en una de sus principales formas de expresión.
El menú especial de Como agua para chocolate se presenta en Angelopolitano, ubicado en Puebla 151, colonia Roma Norte, Ciudad de México.


