A poco más de una hora de la Ciudad de México, en San Miguel Tecpan, Jilotzingo, se encuentra La Escapada, un espacio que redefine la idea de salir a comer. Aquí, el trayecto es parte del ritual: dejar atrás el ritmo de la ciudad para entrar en un entorno donde el paisaje, los caballos y el aire abierto preparan el ánimo para una experiencia que se vive sin prisa.
En colaboración con la casa vinícola CVNE, el restaurante recibió a un grupo de medios para compartir una jornada que combinó gastronomía, naturaleza y vino en una misma narrativa. Desde el inicio, la experiencia dejó claro que no se trataba únicamente de una comida, sino de una inmersión en el campo desde una mirada contemporánea.
Entre sombreros, caballos y sobremesas largas


La bienvenida marcó el tono de la tarde: café caliente, pan dulce recién hecho y una barra de personalización de sombreros que invitaba a intervenir cada pieza como recuerdo del día. El recorrido continuó hacia los prados y caballerizas, donde el contacto con los caballos y el entorno natural reforzó la sensación de desconexión.
La experiencia ecuestre, pensada como parte esencial del lugar, se integra de manera orgánica a la visita. Aquí, el tiempo se mide distinto: entre caminatas, conversaciones y momentos que suceden sin prisa, el campo se vuelve protagonista.
Cocina de autor con raíz en el territorio



Al frente de la cocina, el chef Adán Flores construye una propuesta que parte del respeto por el ingrediente. Su menú privilegia productos locales, muchos de ellos provenientes de productores cercanos y de un huerto en desarrollo, lo que se traduce en una cocina honesta, de temporada y con identidad.
El menú de degustación preparado para la ocasión reflejó esta filosofía. Las croquetas de pulpo abrieron el recorrido con una textura precisa y sabor profundo, seguidas por un aguachile de camarón que equilibraba frescura y carácter. La lechuga asada con vegetales aportó un momento vegetal lleno de matices, mientras que la pesca del día zarandeada y el chamorro en salsa de cerveza de cereza mostraron una ejecución sólida en los platos principales.
Cada preparación se entendía mejor al mirar alrededor: el paisaje no era un fondo, sino parte del discurso culinario.
Vinos memorables para platos con carácter
El vino fue un hilo conductor fundamental de la experiencia. CVNE diseñó un maridaje que recorrió distintas regiones vitivinícolas de España, creando un diálogo preciso con cada plato.
El Roger Goulart Rosé, con notas de frutos rojos y frescura vibrante, acompañó las croquetas de pulpo; Monopole Clásico, con matices de pera, manzana y flores blancas, elevó el aguachile de camarón. La Val, un Albariño de perfil cítrico y herbal, encontró afinidad con la lechuga asada.


En los platos fuertes, el Val do Galir Godello aportó mineralidad y elegancia a la pesca zarandeada, mientras que Arano, un Tempranillo de Ribera del Duero con notas de fruta negra, cacao y café, acompañó el chamorro con profundidad. El cierre llegó con Contino Reserva junto a un crocante de chocolate, y Roger Goulart Gran Reserva armonizando con plátanos a la parrilla con dulce de leche.
Cada copa confirmaba la trayectoria de CVNE, una bodega con más de un siglo de historia que encontró en este entorno mexicano un escenario inesperado pero natural para expresar su carácter.


Un lugar para volver al origen
La Escapada no busca impresionar con artificios, sino con una propuesta coherente donde todo tiene sentido: el entorno, la cocina, el vino y la hospitalidad. La experiencia logra algo cada vez más difícil: detener el tiempo.
Más que un restaurante, es un destino cercano que invita a reconectar con lo esencial. Un lugar donde el campo se vive, se recorre y, sobre todo, se saborea.

