Tuvimos la oportunidad de entrevistar a la fotógrafa Ana Amtmann, quien actualmente está presentando una exposición fotográfica en la ciudad. Entre otras cosas, nos compartió detalles sobre su profunda conexión con la naturaleza, su evolución profesional y los desafíos extremos que enfrenta al capturar imágenes en entornos salvajes.
Si bien toda la vida de Amtmann ha estado ligada a una cámara, en sus inicios se dedicó a fotografiar bodas y recién nacidos, pero la gran revelación llegó hace unos 10 años, durante una sesión. “Vi mis fotos de niños y dije, ‘Esto no es lo mío. Necesito llegar a más, poner exposiciones, subir fotos a concursos, ser reconocida y para llegar a eso tengo que salir de aquí’. Fue entonces cuando empecé a viajar a lugares de naturaleza y ahí me enamoré”, nos reveló.

El talento de Amtmann fue reconocido desde temprano. Un profesor en Canadá le dijo a su padre que tenía un don, y otro notó su habilidad para capturar el momento preciso. “Yo no sé qué haces, a lo mejor tienes un ángel atrás que te dice cuando hagas clic”, nos compartió que le dijo su maestro.
Y es que sí, lo que distingue la obra de Amtmann es su profunda sensibilidad y conexión espiritual con los lugares que visita. Lo cierto es que el trabajo de paisaje y fotografía de vida salvaje no está exento de riesgos. Amtmann enfatiza que el reto principal es cruzar la delgada línea que hay entre conseguir la toma y ponerse en peligro.



Donde habita el espíritu
Con su trabajo, Ana Amtmann espera despertar en el público muchas emociones y su meta es inspirar a la gente para que tenga conciencia de los lugares y los cuide. “Lograr como artista que la gente llore con tu obra no es fácil. Y en la exposición muchos han salido conmovidos”, comenta.
Respecto a su futuro, la fotógrafa mexicana tiene un reto pendiente y muy exclusivo que no pudo completar en un viaje previo, por lo que planea regresar a ese sitio para lograr la mejor toma. Este desafío se alinea con su filosofía de trabajar con la naturaleza: “Siempre digo, ‘denme lo que tenga que ver ahorita o lo que estoy preparada para ver’ y ocurre”.
La obra de Amtmann, que incluye su fotografía favorita—la espectacular Cueva de Hielo en Islandia—forma parte de Donde habita el espíritu, una exposición que estará abierta hasta el 14 de diciembre en el piso 13 del edificio Chapultepec UNO.
Fotos: Cortesía Ana Amtmann


